Obesidad, un problema que va más allá del peso

Cada 12 de noviembre se conmemora en todo el planeta el Día Mundial contra la Obesidad. En algunas partes del mundo también se celebra el 11 de octubre. Esta efeméride busca concienciar a las personas sobre el terrible daño que conlleva para el organismo una dieta alta en grasa y azúcares, dieta que a decir verdad, es una de las más populares y propagadas por todo el globo.

Esta organización define como obesidad cuando el IMC (índice de masa corporal, cociente entre la estatura y el peso al cuadrado de un individuo) es igual o superior a 30 kg/m². También se considera signo de obesidad un perímetro abdominal en hombres mayor o igual a 90 cm y en mujeres mayor o igual a 80 cm

Según datos de la misma Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial. Es más, se estima que desde 1975 esta enfermedad se ha triplicado, logrando que en 2016, 1900 millones de adultos la padezcan así como 340 millones de niños y adolescentes.

¿Qué es obesidad?

Se entiende por obesidad a una acumulación anormal de grasa que puede acarrear otras enfermedades que son nocivas para el organismo. Desafortunadamente la mayoría de las personas que padecen sobrepeso u obesidad no le dan la importancia debida a este padecimiento y mucho menos a las enfermedades relacionadas: como síndrome metabólico, hipertensión, diabetes, dislipidemias e hígado graso, aun sabiendo que este problema aumenta constantemente y del lugar que ocupa México en la lista de países con mayor índice de obesidad.

La única manera de prevenir la obesidad es llevando una dieta más sana y no apostar por la conocida comida rápida, que posee todos los elementos para generarla.

Además de una buena alimentación, es necesario tener una rutina de ejercicio que les permita evitar la acumulación de grasa producto de sedentarismo. Muchas personas en el mundo comen relativamente sano, pero aún se ven atacadas por una acumulación de grasa, sobre todo en la parte baja de abdomen. Esto se debe principalmente a largas jornadas de trabajo sentados en un escritorio. La falta de ejercicio también puede acarrear un poco de sobrepeso.

La obesidad también origins limitaciones en la vida diaria, entre ellas: no se puede bañar bien, no cabe en los asientos del auto, no puede cruzar la pierna ni cortarse las uñas de los pies, no puede comprar ropa adecuada, etc., y por desgracia, esta tristeza aumenta al ser discriminado en todos lados, en la escuela, el trabajo y en la calle.

El estilo de vida o el tipo de hábitos y costumbres que posee una persona, puede ser beneficioso para la salud. De ahí la importancia de que el individuo con obesidad conozca que con menos kilos tendrá más vida, que un programa inteligente para bajar de peso permitirá que sus órganos internos funcionen mejor, que la química de su organismo mejore, que se sienta más libre, que viva más y mejor.

Cuando la alimentación es tu aliado

De modo que la alimentación es uno de los principales factores que favorecerían la disminución de los índices de obesidad, como decía Hipócrates “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”, famosa frase que hemos pasado por alto, señaló la Nutrióloga y Co-autora del Libro “Las 24 Nutriólogas de México”, Mónica Hurtado, quien agregó que los hábitos de alimentación son formados desde la infancia, pero pueden ser “re-aprendidos” en la adultez, solo es cuestión de querer-TE.

“Se sabe que los humanos guardamos cierta emoción con los alimentos, por eso es común que cuando te sientes triste o contento prefieres ciertos sabores. Es sencillo cuando aprendes a identificarlos, nunca es tarde” puntualizó la nutrióloga.

De acuerdo con la especialista podemos “re-aprender” los hábitos correctos en alimentación, tomando en consideración las siguientes preguntas:

¿Desayunas?

¿Comes 2 tazas de fruta diariamente y 3 tazas de verduras?

¿Bebes al menos litro y medio de agua natural?

¿Realizas al menos tres tiempos de comida al día?

¿Cambias el azúcar por algún sustituto de azúcar?

¿Eliges pan integral en lugar del blanco?

¿Eliges bísquet en lugar de concha con nata?

¿Pides café americano en lugar de chocolate?

¿Bebes agua en lugar de refresco?

Y por último, ¿caminas al menos 30 minutos de manera habitual?

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