La alegría como la tristeza son contagiosas


Siempre podemos elegir entre vivir con alegría, a pesar de todos los inconvenientes que se nos presentan, o vivir con tristeza a pesar de todas las bendiciones que nos acompañan.

Podemos elegir ver el lado hermoso de la vida y lo positivo de las personas, especialmente de quienes amamos y nos aman, o concentrarnos en los horrores que insisten en mostrarnos aquellos que se enfocan solo en eso. La elección es muy simple: Vivir con amor o con odio en nuestro corazón.

La alegría como la tristeza son contagiosas. Por ello rodearnos de personas con un alto nivel de energía positiva nos impulsa hacia adelante, y lo opuesto, que es compartir nuestro tiempo con personas derrotistas nos estanca, impidiendo nuestro desarrollo y frenando nuestro entusiasmo. Es bueno saber que todas las emociones son acumulativas, tanto en nuestra mente como en nuestro cuerpo y espíritu.

Tengamos presente que una cosa es la alegría exterior y otra la alegría interior, que esta última es la que debemos cultivar ya que cuando la logras no hay nada que se le compare. Esta proviene de la seguridad de que no estamos solos recorriendo este intrincado camino llamado vida.

Somos libres para razonar y decidir qué camino u opción tomar en la vida, y en especial somos libres para decidir con qué pensamientos o emociones deseamos transitar por ella. Como la mente es nuestra, tenemos el privilegio de decidir qué material deseamos imbuirle, independientemente de la opinión de los demás, y de los condicionamientos sociales que nos rodean.

El privilegio del ser humano de actuar como interiormente mejor le plazca es consustancial a la naturaleza humana y debe ejercerse con la sola limitación de no dañar a nuestros semejantes. No hay mejor juez respecto a nuestra persona que nosotros mismos, nadie puede hacerlo mejor que nosotros. Así que sí podemos hacer de todo, tratemos de escoger sólo acciones de bien. Refrenarnos siempre a tiempo para no cometer el mal. Pensar antes de actuar, nos ahorrará muchos dolores de cabeza.

Por otra parte, si reconocemos nuestras virtudes y atributos sin prepotencia, estos se acrecentarán en nuestra vida. Pero si nos la pasamos auto-devaluándonos y machacando nuestros defectos, estos serán los que crezcan en nuestras vidas, porque adonde ponemos la atención es lo que más crece en nuestra vida.

Es como dimensionamos los eventos, como procesamos todo lo que nos circunda incluyendo a las personas, y en la forma en la que interiormente sentimos nuestra emotividad positiva o negativa donde se halla lo que va determinando nuestro empuje o estancamiento, la marcha hacia adelante o hacia atrás, hacia la luz o hacia la obscuridad en nuestras vidas.

Todas las excusas que inventamos o creamos para no avanzar provienen de nuestra percepción errónea de los eventos externos o internos, principalmente estos últimos.

Tomemos conciencia de que todos los demás son iguales a nosotros y que nuestra función aquí no es la de juzgar, sino la de aprender, porque nadie es poseedor de la verdad absoluta, nos la pasamos buscándola. Simplemente elijamos el mejor sendero.

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